El resultado escapa a todos los moldes: no es un tratado de culinaria aunque contenga recetas de cocina, no es un manual de autoayuda aunque entre líneas se escondan los consejos, ni es un libro de poemas, aunque la poesía se desprenda de cada página. Es más bien un juego de contradicciones y opuestos donde la ironía es un ingrediente que te ayuda a desconfiar de mí, no cocines mis pócimas si te asalta la sombra de una duda.